MUJER Y MATERNIDAD


MIEDOS Y FANTASIAS DE LA “DULCE ESPERA”
08 de Junio de 2012

El embarazo es un momento especial de la vida de toda mujer, es un periodo donde surgen sentimientos, emociones, dudas, fantasías y miedos respecto al proceso de gestación y encuentro con el bebé en el momento del nacimiento.
Se transita junto con los cambios corporales distintos estados emocionales, por momentos desconocidos y hasta contradictorios, propios del momento especial que significa el ‘’estar embarazada’’.
La situación nueva del embarazo genera incertidumbre porque más allá de haber experimentado otros embarazos, cada momento es distinto y particular ya que cada persona transita su etapa del embarazo de diferente manera. Por lo tanto dicha situación genera inquietud, ansiedad, angustia y miedo en ciertos momentos.
Los miedos que aparecen en el embarazo son normales aunque muchas veces pueden generar conmoción y  estar teñidos de una angustia que desborda. Esta situación se debe a que cada mujer debe realizar un trabajo de elaboración de su situación actual, es decir todo lo que concierne a la maternidad.
El embarazo determina un proceso psíquico que se realiza de manera gradual y paulatina, y elaborar dicha situación depende de la historia personal de cada mujer, de la imagen de madre que cada una tenga, del rol que tiene y se imagina tener. Con lo cual surgen fantasías respecto a la maternidad, a la mujer convertida en madre, a dejar y resignar por cierto tiempo su autonomía para convertirse en sostén de un ser que demanda alimento, cuidados y lo más importante: amor.
Por lo tanto los cambios físicos se asocian a cambios emocionales donde la ambivalencia es una actitud más que permanente.
En un primer comienzo las náuseas provocadas por los cambios hormonales, el sueño y cansancio, manifiestan un proceso psicológico que comienza a gestarse como lo hace a su vez ese futuro bebé por nacer.
El sueño en el primer trimestre es el principal denominador del período de embarazo, es decir que manifiesta una manera de poder reestructurarse a la nueva realidad psíquica que se le presenta. El retraerse en sí misma, conectarse con todo lo que corresponde al periodo de estar embarazada, es poder elaborar todo el proceso que comienza a tramitarse. El bebé en este momento fluctúa entre ser una realidad y a su vez una fantasía, ya que su presencia no se advierte aun por medio de sus movimientos y el crecimiento de la panza.
Por lo tanto el sueño recurrente es un meterse hacia dentro para elaborar la conflictiva entre el deseo de ser madre sin resignar nada a cambio, es decir: que nada cambie a pesar de ser madre.
Existe mayor sensibilidad frente a las situaciones cotidianas donde la fluctuación del estado de humor es constante, por lo que el embarazo implicaría cierta inestabilidad emocional y recuperarla es ir en búsqueda de un sostén para recobrar la seguridad que se ha perdido. Por tal razón es fundamental la presencia y participación de la pareja en el momento del embarazo.
Los miedos que surgen en este primer trimestre es temor a perder el embarazo y a la existencia de malformaciones congénitas, acompañados de dudas y planteos de desear realmente a su hijo; donde las preguntas más frecuentes rondan en como ser una buena madre, si podrá cuidarlo con amor o si podrá darle un lugar no solo físico, sino psíquico y emocional en su vida. Dicha preguntas son manifestaciones de su momento de cambio.
En el segundo trimestre donde la mujer se siente más activa, ya los síntomas de malestar han cedido y comienza a disfrutar el crecimiento de su panza, los estudios, los controles sin cierta carga de angustia permanente.
El tercer trimestre, momento donde el crecimiento del bebé es mayor generando malestar ya que los órganos se comprimen para poder dar mayor capacidad para alojar al bebé, otorgar  mayor alimento y oxígeno. Con lo cual casi al final de dicho período la mamá experimenta sentimientos de querer que su hijo nazca y la necesidad que todo siga igual por temor a enfrentar el acontecimiento del parto.
En el embarazo se reactivan todos los aspectos infantiles y específicamente el vínculo con la imagen maternal, junto con los ideales construidos de la modalidad vincular en la familia de origen y la pareja, por tal razón es que la mujer embarazada se vuelve más egocéntrica y demandante con su pareja y entorno.
Podríamos agrupar los miedos en el embarazo como:
  •  Miedo a perder el embarazo
  • Miedo a la malformaciones del bebé
  • Miedo al momento del parto
  • Miedo a la muerte en el momento del parto
En el periodo del embarazo y el nacimiento cada mujer debe lidiar con el prototipo social estipulado: “ser mujer es igual a ser madre”, dejando por fuera la subjetividad de la mujer, con sus deseos más allá de su maternidad. Por tal razón surgen temores relacionados al nuevo rol como mamá ligados a la figura de ser una mujer.
Es fundamental que cada mamá pueda ser honesta con sus propios sentimientos, reconocerlos y aceptarlos, alivia y deja de lado la aparición de cierto sentimiento de culpa. Aceptar las dudas, incertidumbres y contradicciones es parte del proceso de cambio hacia la maternidad.
Es importante obtener la mayor información posible en el transcurso del embarazo, ya que disminuye la ansiedad propia de un momento desconocido para la embarazada. A su vez participar de grupos de apoyo donde cada mamá comenta y comparte sus experiencias genera en ciertos momentos tranquilidad.
La ayuda y acompañamiento de psicoterapia es fundamental en este momento de la vida de una mujer, puesto que calma y aplaca las angustias, fantasías, miedos y dudas respecto al nuevo lugar y rol a desempeñar; es decir poder ocupar el lugar de “ser madre” desde el disfrute y la satisfacción.
Aceptar los miedos, dudas y sentimientos contradictorios, es poder aceptar un momento especial y único: el de ser madre sin recetas, sin guías y sin pautas; solo viviendo y transitando la satisfacción y frustración de ser la mejor mamá que uno puede llegar a ser.

Lic. María Maturi

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Martes 6 de Marzo de 2012
UN MUNDO DE MUJER
Historia de la Mujer
La esencia del ser humano es preguntarse por uno mismo, con lo cual mediante las preguntas se va otorgando cierta significación a la historia de la vida personal. Por lo tanto a partir del siglo XX y XXI la mujer comienza a indagar sobre sí misma.
Anteriormente a estos siglos, se daba por supuesto que es ser una mujer, es decir que se creía saber lo que era o debía ser una mujer. Por lo tanto se seguía una especie de modelo que continúa hasta nuestros días. Al instalarse como opuestos la condición de mujer y la del hombre, generaba una distinción entre ambos que regía específicamente por una cuestión de género, donde las funciones y condiciones eran producto exclusivamente del género. Con lo cual los problemas entre ambos, en sus relaciones, surgían en el ámbito individual de cada uno.
En la actualidad dicha situación se la puede ver como muy lejana, ya que la mujer sufre una desorientación de sí misma, de sus funciones y de su lugar social; provocando en el hombre una desorientación respecto de la mujer y en definitiva respecto el uno del otro.
No cabe ninguna duda que existe una diferencia anatómica y fisiológica entre ambos sexos, pero a partir del siglo XX, la condición biológica de la mujer (venerada como procreación) ha dado un giro rotundo, puesto que comenzó a separar la sexualidad y sensualidad, de la capacidad de reproducción. Por lo tanto surge un cambio biológico que no corresponde a la biología en sí, sino que los aspectos sociales, culturales y psicológicos comienzan a modificar el aspecto real de la biología femenina.
A lo largo de la historia el modelo o estilo de mujer fue cambiando, si pensamos desde el siglo XVIII al Romanticismo los tipos y cánones femeninos son totalmente distintos, lo mismo ocurre en la época Victoriana, en la Antigua Grecia y en la cultura oriental a la occidental.
La mujer en el siglo XIX ha sido pensada como una mujer religiosa, devota y casta. Por lo tanto no quedaban dudas de lo que era una mujer pero no se esclarecía aun lo que era ser una mujer. Las mujeres no se sentían realizadas y satisfechas en el plano individual y colectivo, aunque si lo eran de ser y sentirse mujeres, ya que cuando la condición de mujer se ponía en duda por algún grupo minoritario de mujeres, provocaba rechazo en la mayoría. Aún en este siglo, las funciones y los roles estaban bien definidos según el género que otorgaba una condición de poder para los hombres y de sumisión en algunos casos para las mujeres.
En la segunda mitad del siglo XIX, la mujer comienza a tener un papel más preponderante y definido frente al hombre, comienza a tomar decisiones en la crianza de los hijos, en definitiva en la configuración de las generaciones sucesivas. Surge el erotismo como canon de belleza en la mujer, extractos de ello es el surgimiento del Can-Can como baile de movimientos y vestimentas provocativas. A su vez surge el pintor y cartelista Toulouse-Lautrec, quien retrataba las noches parisinas; como el auge de Manet, Renoir, Baudelaire entre otros.
Se deja atrás aquellas imágenes y expresiones rígidas del siglo XVIII, sin expresión y con aparente frigidez, para dar lugar a la sensualidad, el color e impresionismo en todo su esplendor.
Existen dos aspectos decisivos de la posición de la mujer en la segunda mitad del siglo XIX. El primero corresponde a la situación de castidad normal de la mujer pero no así para el hombre, ya que surge la prostitución como actividad aceptada socialmente. La burguesía exigía una imagen determinada  aquellas mujeres decentes, socialmente aceptables de una castidad prematrimonial y dentro del matrimonio fidelidad. Por lo tanto en las mujeres denominadas pecaminosas eran marginadas por dichas burguesas.
El segundo aspecto tiene que ver con el surgimiento del servicio doméstico femenino en la sociedad burguesa. Desde la Edad Antigua, Edad Media hasta la Revolución Francesa existieron los llamados criados (aquellos niños criados en los hogares por la familia). A mediados del siglo XIX se pasa de los criados a las criadas, que generalmente eran jóvenes campesinas que se encargaban de los servicios domésticos. Por lo tanto la criada vivía en la casa de las familias burguesas donde su dimensión era entendida como adopción, participación familiar, explotación, ascenso educativo y social. En síntesis la figura de la criada era de dos vertientes: la de la esclavitud y la de la función maternal.

La mujer como fuerza
La instalación de la mujer a lo largo de estos últimos siglos ha experimentado grandes cambios, con lo cual genera cierta inestabilidad en su ser, va buscando diversas posturas para volver a sostener su equilibrio u homeostasis.
El surgimiento de la Industrialización afectó en cierta medida a la posición que tenía la mujer. Fue una época de gran productividad, surgen los ferrocarriles, aumenta enormemente la comunicación y el intercambio comercial entre países; generando un aumento del nivel económico y estilo de vida de la sociedad. A su vez se pasa del trabajo familiar al industrializado.
Esta época industrial pone en primer plano el trabajo, repercutiendo en el rol de la mujer. Anteriormente la mujer campesina  trabajaba en el campo y en los quehaceres del hogar. En los estratos sociales más altos las mujeres se encargaban de cuestiones femeninas y labores familiares, donde cumplían con trabajos y deberes exclusivamente sociales.
La Industrialización provoca un cambio radical en la sociedad, los talleres familiares desaparecen y el jefe de familia va a trabajar a las fábricas, dejando a la mujer en su casa para criar a los hijos o en muchos casos la compañera iba a trabajar como un obrero más. Por lo tanto se hace un quiebre entre la mujer que trabaja y la mujer que se queda en su hogar.
La palabra trabajo era aplicada exclusivamente al orden industrial, con lo cual se pensaba que todo lo demás no era trabajo, específicamente el que realizaba la mujer que se quedaba en su casa. El trabajo comenzó a entenderse como la producción de bienes económicos o como la prestación de servicios de manera retributiva, mediante el salario. Es así como la mujer que se encargaba de los quehaceres domésticos  comienza a trabajar fuera de su casa y de a poco a adquirir una profesión.
Esta adquisición, sumergirse en el mundo del salario, le da autonomía y libertad. El acceso a profesiones le otorga la posibilidad de ocupar otras funciones sociales de las que tenía anteriormente,  hasta le da la posibilidad de participar en actividades políticas.
En la antigua Roma, la mujer estaba equiparada al mismo nivel que los hijos, es decir que la autoridad del paters familias era absoluta, donde la autoridad era ejercida de la misma manera a los hijos y a la mujer. Luego a lo largo de la historia la mujer fue dependiendo primero del padre para luego depender del marido no solo económicamente sino legalmente. Cabe destacar que la mujer siempre tuvo influencias en la política, desde su rol como amante, hermana, esposa, tía, madre; desde el murmullo con recomendaciones o consejos conseguía cierto poder o beneficios, aunque fuese siempre tras las sombras de los hombres.
La mujer comienza a posicionarse en un mismo nivel que el hombre, ocupa espacios sociales que antes no lograba llegar, es así que surge el movimiento llamado feminismo en contrapartida del machismo. El punto clave del feminismo es que si bien nació como una oposición, es decir que se focalizó en la posición de equiparar a la mujer en todos sus aspectos, no tomó en cuenta que su postura terminaba siendo igual a la del machismo. Por lo tanto no debía ser una contraposición, sino simplemente luchar desde el lugar de mujer, es decir poder aceptar en cierta medida que había labores o actividades que por cuestión de género no las podía realizar y que tanto hombres y mujeres se complementaban unos con otros según sus funciones.

Creencias culturales sobre la mujer
Se debe hacer una diferenciación entre idea y creencia, ya que ambas se distinguen por su función específica, pero cabe destacar que se las confunden una con la otra.
La creencia no se formula, solo se la conoce por sus efectos, es decir que deja  una especie  de marca para ser develada. La idea, en cambio es una formulación y como tal puede ser refutada y cuestionada, cosa que no sucede con la creencia porque con ella vivimos, está instalada en nuestra cultura como un potencial de verdad.
Por lo tanto culturalmente se cree en el supuesto que la mujer es el sexo débil por sus cualidades de género, por su diferencia anatómica con el hombre, donde la mujer por momentos parecería frágil como un cristal  y en realidad ante situaciones específicas, en especial extremas,  responde con firmeza. Otra creencia muy arraigada en nuestra sociedad es que la mujer debe ser pretendida por un hombre, donde la misma conformaría una especie de mundo erotizado por el género masculino.
Todas las creencias culturales relacionadas con la mujer dejan marcas, improntas que son en muchas ocasiones difíciles de desmitificar porque forman parte del discurso popular y determina la manera de proceder del mundo femenino como si fueran cánones a seguir.

Cuerpo de mujer
La mujer se encuentra en estrecha relación con su cuerpo, se encuentra inmersa y afectada por el mismo. Permanentemente se alude a su condición femenina que se expresa por su cuerpo, donde gusta, atrae, complace o incita pero no enamora porque lo que realmente enamora de una persona, en este caso de una mujer es específicamente lo que ella misma expresa como tal.
En diversos momentos de la historia se ha prestado valor a la belleza del cuerpo, no solo en su aspecto figurativo. Los cánones de belleza fueron cambiando, a tal punto que el rostro de la belleza en la actualidad aparece disfrazado como un cuerpo expuesto en su totalidad, donde solo tres números que marcan las proporciones del cuerpo determinan lo bello y perfecto.
La belleza del cuerpo no se reduce exclusivamente a dimensiones sino que implica expresividad, la expresividad de una persona, de un sujeto en su integridad.
Los hombres y mujeres se han pintado sus rostros a lo largo de la historia, así es el caso de los egipcios, africanos, mayas, en situaciones para representar la guerra o el status social. En estos casos se trataban de signos que determinaban las funciones sociales.
Por lo tanto el maquillaje femenino ha tenido una significación estética, en un principio la mujer se ha maquillado para prestar o devolver  a su rostro el color perdido o identificarse con el color deseado, al modo de  una máscara que solo reflejara lo natural. Con el correr del tiempo el maquillaje paso de ser privado, intimo de la mujer,  para ser público y con la intención específica de remarcar la feminidad.

Feminidad
Sigmud Freud, padre del Psicoanálisis, en un momento de su obra se pregunta sobre ¿Qué quiere una mujer?, respondiendo que los hombres a lo largo de toda su historia han indagado y pensado en la mujer, en sus deseos y su manera de pensar. Plantea a la mujer como un enigma que no puede ser comprendido o resuelto de una manera simple y tajante.
Ante la pregunta de qué es ser una mujer, se podría responder ante la aproximación de que es una interpretación. La realidad se presenta primeramente como una interpretación y luego se la intelectualiza, por lo tanto toda interpretación es en sí misma  es real y forma parte de la realidad.
Con lo cual la mujer es interpretada por un hombre mediante su infinidad de actitudes que él mismo la define como tal, con lo cual lo que le devuelve el espejo del hombre genera en sí misma que se interprete en soledad.
Es así como a nivel discursivo contamos con una ausencia, una falta de significación que pueda darle un nombre o explicación a la feminidad, que pueda responder la pregunta sobre la mujer, hace que la misma sea un enigma, una musa inspiración.


Lic. María Maturi 
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Martes 6 de Marzo de 2012


                                               SER MUJER



Tomate un tiempo para vos,
para meterte en tu interior y
redescubrir lo maravilloso
de tu existir hoy.

Es importante saber claramente
hacia donde se dirige
tu corazón para que autorices
tu futuro anhelado.

                                                   Determina tus propósitos,
                                                           identifica qué buscas, que deseas
                                                          para tu vida y como ir siempre
                                                 hacia adelante.

                                                    Estas aquí para ponerle
                                                   un nombre grande al
                                                    ser que te habita.


"Descubrí el poder que habita en tu interior y veras tu nueva vida''

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