SER PADRES

MIRAR A UN PADRE 

16 de Abril de 2011

 

Muchas veces nos preguntamos como ser un buen padre, como ser una buena madre, si estamos haciéndole daño a nuestros hijos con nuestros actos, miradas, tonos de voz y poniendo limites y de que manera hacerlos.



Ser padre o madre es un trabajo, es una ocupación donde uno debe ocupar ese lugar y rol que cada hijo nos asigna. A muchos padres les cuesta asumir ese lugar, a otros no les provoca inconvenientes y otros deciden directamente no querer ocuparlo. No existen recetas, tips que nos indiquen como SER UN PADRE, COMO SER UNA MADRE.


Muchas personas desean inmensamente querer tener hijos y por diversas razones no pueden concretar su maternidad o paternidad, generándoles una gran frustración por no poder realizarse en ese aspecto de sus vidas. Otras personas tienen la posibilidad de concretar ser padres pero no pueden o no quieren asumir el rol donde deben resignar a su vida de autonomía, autosuficiencia y egocentrismo, ya que un hijo genera una gran movilización en la vida de una persona, ya que los tiempos, momentos y espacios para uno mismo están ocupados por la presencia de ese ser maravilloso. Y por último, existen padres gustosos de ocupar su rol y función con mucho placer, comodidad y felicidad.


No hay un figurín, un prototipo de SER PADRE o SER MADRE. Cada cual hace lo que puede y como puede. Tanto la carencia como el exceso son perjudiciales para la relación con nuestros hijos. Son ellos mismos los que nos muestran el camino de la maternidad y paternidad, son ellos con sus necesidades, deseos, reclamos, exigencias y modos de pensarnos como padres; quienes nos enseñan a como comportarnos como tales.


Mas allá de lo que cada padre o madre halla vivido en su infancia, en su relación con sus padres es que algunos harán cosas distintas a sus propios padres y otros harán con sus hijos lo que sus padres hicieron con ellos.


La relación con los hijos esta llena de alegrías, de momentos de satisfacción y felicidad pero también teñidos en algunos momentos de desencuentros, malos entendidos y limitaciones porque es lo mas propio de la relación con los otros, donde mediatizan deseos, fantasias, formas de ver, entender e interpretar situaciones, con lo cual pueden generar puntos de vista distintos sin poder lograr un punto en común.


Más allá de todo lo que pueda pasar en la relación con nuestros hijos existe algo que hasta el momento no he nombrado: el amor incondicional y genuino de nuestros hijos.


Pasen situaciones buenas o malas el amor de un padre hacia un hijo es pleno, ilimitado y eterno, donde no puede medirse ni comprarse. Solo el amor de los padres a los hijos y de los hijos a los padres se materializa cuando se recibe un abrazo, una mirada complice, un beso, una caricia; cuando las risas y los llantos son las dos caras de una misma moneda que expresan nuestros sentimientos de amor.


Podemos tener una imagen de como SER UN PADRE y UNA MADRE pero nuestros hijos nos muestran el camino que debemos transitar. Por eso debemos escuchar mas a nuestros hijos para saber mas de nosotros mismos.
Lic. María Maturi
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LA EXPERIENCIA DE SER PADRES
12 de Febrero de 2011

El momento del embarazo y post parto,  son dos hitos importantes en la vida de toda mujer y también de su pareja. En el embarazo una mujer transita por diversos momentos de alegría, angustia, dudas, temores y ansiedades. Nos preguntaríamos si es algo normal que una mujer embarazada se transforme en alguien que uno desconoce, y la respuesta es que sí porque la influencia de los cambios hormonales más los cambios psíquicos hacen que una mujer se sienta plena, quejosa, sensible o a la defensiva.
Todos los cambios del embarazo hacen que una mujer se desconozca en cierta medida a sí misma: la imagen que devuelve el espejo es de una mujer distinta, las preocupaciones ya son otras, todo ronda en el crecimiento del bebé, de los estudios a realizar, en informarse sobre los síntomas que la aquejan, darle un nombre y lugar al niño que estará por venir. Por lo tanto todos estos cambios implican un trabajo psíquico a realizar, es decir que se necesita de un tiempo, un proceso para asimilar y ocupar el rol de mamá.
Para ciertas mujeres el embarazo es la mejor experiencia que pudieron haber vivido y para otras es una situación difícil de transitar donde las emociones de rechazo las invaden en su ser. Esto no significa que las mujeres que rechazan el momento del embarazo, rechacen su maternidad, sino simplemente que sus malestares físicos son tan intensos que le impiden disfrutar de una experiencia única y hasta milagrosa.
Es importante pensar que desear tener un hijo, va más allá de la posibilidad biológica esto implica una posición frente a la vida. Es decir que "uno no tiene un hijo" sino que "desea tener un hijo", con lo cual la mirada frente a la propia vida es distinta porque la posición es de saber que uno debe renunciar a muchas cosas para ser madre o padre. Renunciar específicamente al egoísmo, a la autosuficiencia, al pensar y digitar los momentos y tiempos para uno.
El momento que se decide ser padres moviliza muchos sentimientos en cada miembro de la pareja y tiene efectos en la relación entre ambos. Muchas veces es necesario pedir apoyo profesional para poder transitar el camino de la búsqueda de un hijo, es decir que realizar terapia de pareja o individual ayuda a que cada uno pueda disfrutar del momento tan importante que están atravesando.
Confiar en el equipo profesional que va asistir a los padres es fundamental para que tanto la madre como el padre puedan canalizar dudas, miedos y preguntas en el médico tratante y posteriormente en la figura de la partera quién estará asistiendo en las ultimas horas y minutos al momento del encuentro con el bebé tan deseado, cuidado y amado a lo largo de nueve meses.
El momento y período de post parto es como el embarazo: una situación incierta porque aunque ya se hayan tenido otros embarazos e hijos, cada momento es distinto y único, donde la persona en esa situación se desconoce a sí misma porque no sabe cómo podrá reaccionar.
El momento del parto puede ser transitado como algo del orden de lo natural o puede ser vivido como un acontecimiento traumático, ya sea por las complicaciones que puedan surgir en dicho momento, por los imprevistos de tomar ciertas decisiones que no se habían pensado: programar una cesárea cuando se había pensado en un parto natural, sufrir problemas orgánicos, la intensidad del dolor, equivocaciones técnicas del equipo profesional, etc. Por tal razón es fundamental el acompañamiento y apoyo de la familia y entorno íntimo para acompañar a la pareja en dichos momentos.

El encuentro con el bebé es mágico, donde invaden emociones de felicidad y angustia de no saber como ser como padres, de no conocer a la personita que acaba de ingresar en la vida de la pareja. En muchas ocasiones los padres sienten sentimientos ambivalentes de pleno amor  y a la vez rechazo a los llantos y gritos del bebé que no se calma. Pensar que estos sentimientos son normales, es aceptar los momentos críticos con naturalidad. Expresar los sentimientos y pensamientos sobre la nueva situación, en vez de actuarlos es mucho mas saludable y liberador para ambos padres.
El diálogo entre ambos es fundamental para que cada uno sepa lo que piensa y siente su pareja, que puedan entre ambos apoyarse, cuidarse y consiliar en los momentos que sienten que no pueden más y quieren rendirse ante la dificultad de ser padres.
La experiencia de ser padres no es algo que se lee, se estudia o se obtiene como una receta. Es una posición que se aprende y adquiere con el tiempo, a medida que los hijos van avanzando y creciendo, los padres se van conociendo en dicho rol. La clave es poder aceptar las limitaciones y dificultades de la maternidad y paternidad para afrontar el encuentro con los hijos.
Lic. María Maturi

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UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE
12 de Febrero de 2011

Quiero compartir una experiencia que viví y que podría denominar como "extraordinaria". Voy a correrme del rol de profesional y hablar como María Maturi, una mujer y mamá.
Una familiar estaba embarazada de 7 meses y medio cuando recibo su llamado un día lunes de madrugada diciéndome que le dolía la panza y que necesitaba que la ayudara. Quiero comentarles que ella se encontraba sola en su casa porque su marido y su hijo de un año y medio se encontraban visitando unos familiares y regresaban a Buenos Aires ese mismo día por la tarde.
Al vivir muy cerca de su casa le expresé que iría cuanto antes a su domicilio. En ese momento me encontraba cambiándole los pañales a mi hijo de un mes y medio de vida. Cuando estaba cambiándome recibo un nuevo llamado de mi familiar pero ya su voz era distinta, con nerviosismo y angustia me manifestó que sentía mucho dolor en el vientre; sin dudarlo me apuré y corrí para asistirla.
En el transcurso del camino me dí cuenta que no tenía llaves de su departamento. Llegué a la puerta del edificio y al escuchar sus gritos de dolor, comencé a tocar timbre en cada departamento con cierta desesperación hasta lograr que algún vecino pudiera ayudarme. Pude hablar con una persona que me abrió la puerta pero en ningún momento me preguntó si llamaba a una ambulancia o necesitaba algún tipo de ayuda.
Encontré la puerta del departamento abierta y al ver charcos en el piso como si fuera agua me di cuenta que había roto bolsa. La encontré en su cuarto con mucho dolor, llamé a su partera y la misma me indicó que lo antes posible la llevara a la clínica mas cercana al domicilio.
Cuando corto la conversación, mi familiar grita y comienza a salir el bebé. Recuerdo esa escena como increíble, fue un parto hermoso porque el bebé salió solo, yo ayude solamente a apoyarlo en la cama y sacarle el cordón de su cuello e inmediatamente se lo puse en su pecho.
Ahí nos encontrábamos, las dos solas viviendo y sintiendo ese momento de emoción y angustia. Tapé al niño con dos toallones y llamé a la partera inmediatamente, la misma me indicó que no cortara el cordón y lo antes posible llevarlos a la clínica.
Así fue, mi marido estaba esperándonos en la puerta del edificio en el momento en que nació el bebé. El trayecto a la clínica parecía eterno, soló había silencio, miedo y mucha angustia por no saber que pasaría. Ella rezaba y nosotros la conteníamos diciéndole que todo iba a estar bien, que al bebé no le iba a pasar nada malo.
Llegamos a la clínica, nadie vino a ayudarnos a sacarla del auto, la hicieron caminar por el hall de entrada hasta un pasillo de la guardia donde allí estaban camilleros, enfermeras y los médicos. Esa situación fue fea, ayudarla a caminar con su hijo en brazos, el cordón colgando y ensangrentada, mientras las personas que debían asistirla no salían de su bunker demostrando que no se hacían cargo de la situación.
Los acompañé hasta la puerta del quirófano y luego con mi marido y mi hijo durmiendo esperamos a que nos dieran el parte médico de como estaba el bebé y la mamá.
A pesar de que el bebé nació en su casa, la partera se presentó en la clínica para saber como estaba su paciente, pidió la historia clínica y preguntó en que condiciones estaba el bebé. Mientras que el médico obstetra se presentó a la clínica un día después, con previas llamadas de la partera para que visitara a su paciente.
Por suerte están los dos muy bien, el bebé esta sanito y creciendo a pasos agigantados. 
En los tiempos donde la tecnología esta al alcance de nuestras manos, donde todo se programa y se controla, vemos que estas situaciones que se nos presentan como imprevistos irrumpen en la vida de uno sin pedir permiso.
Si bien soy psicóloga, debo confesar que sentí miedo, mucha angustia teñida de alegría por traer un niño hermoso al mundo. Pero esta situación no deja de ser distinta porque no ocurre todos los días, porque no es común en el 2011 que un niño nazca en su casa. Esto no quiere decir que las mujeres embarazadas van a tener la posibilidad de que les pase lo mismo, no es así, es una experiencia que catalogo como milagrosa.
Al compartir esta experiencia en cierta medida estoy haciendo una catarsis, una liberación, en definitiva liberar los recuerdos de una situación que fue traumática pero mágica y que estará en mis recuerdos, en mi historia y en mi corazón por siempre.



Me gustaría que compartas conmigo tu experiencia de ser mamá y papá...

Lic. María Maturi

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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena nota! felicidades!

Anónimo dijo...

Que experiencia!!! por suerte como decis todo salio bien, una nota que nos muestra a las mujeres que definitivamente estamos hechas para parir y que no importa los obstaculos, el tiempo, el lugar nada, un nuevo ser llegara a nuestras vidas cuando tenga que llegar, algo que nada ni nadie lo anticipa y que solo ese momento te daras cuenta de la magnitud de tener la responzabilidad de un nuevo ser en este mundo, Felicidades a las 2!!!